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This content is provided by the WHO Collaborating Center in Supportive Cancer Care, Pain Research Group, The University of Texas M. D. Anderson Cancer Center. |
La evaluación del dolor del paciente y de la eficacia del plan de tratamiento debe ser continua, y los reportes de dolor deben ser bien documentados. Un registro simple de la respuesta del paciente a la pregunta "Como está su dolor?" invita al mal entendimiento y dificulta la cuantificación del dolor.
Ocasionalmente, puede haber discrepancia entre el comportamiento y el informe del paciente. Por ejemplo, un paciente puede describir un dolor con un puntaje de 8, en una escala de 0 a 10, mientras que camina y ríe libremente, o anota 2 cuando está sufriendo taquicardia, entumecimiento y sudoración. Estas discrepancias pueden provenir de causas diversas, incluyendo la capacidad del paciente para enfrentar el dolor (ver capítulo 4). El paciente que utiliza técnicas de distracción o relajación puede participar en actividades recreacionales mientras experimenta dolor severo; de hecho, este es el objetivo de un gran número de terapias de comportamiento contra el dolor. Los pacientes pueden también negar el dolor severo por gran variedad de razones, p.e. actitud de estoicismo condicionado o cultural o temor a que el dolor simbolice progresión de la enfermedad. De igual manera, los pacientes manejados con un analgésico “según necesidad” pueden percibir que la terapia solo se aplica cuando el dolor es muy severo. Cuando se discute la evaluación y el control del dolor con los pacientes, el equipo de cuidado debe resaltar la importancia de un informe objetivo, que evite los extremos: el estoicismo y la exageración. Si hay ansiedad u otro problema significativo, se debe valorar en los pacientes el sufrimiento emocional, separadamente del dolor, empleando escalas apropiadas (ver Anexo B). También se debe valorar el estado de ánimo o eficacia de la terapia analgésica dándole un valor cuantitativo (ver Anexo B para la Memorial Pain Assessment Card). Cuando se presentan discrepancias entre el comportamiento observado y los informes del paciente, las diferencias deben ser discutidas con el paciente, y el plan de manejo del dolor debe ser revisado.
Dado que el cuidado del dolor por cáncer en la mayoría de los pacientes continua en forma ambulatoria en el hogar o en instituciones (hospicios) los planes deben asegurar la evaluación continua del dolor y la efectividad de los tratamientos en cualquier lugar que estos se ejecuten. Los pacientes pueden mantener un registro de los puntajes de intensidad del dolor e informarlos en las visitas de control o telefónicamente. Además, los pacientes deben ser instruidos sobre la necesidad de informar los cambios de su dolor o sobre cualquier nuevo dolor para proceder a una reevaluación apropiada y hacer los cambios necesarios en el plan de tratamiento.
Los pacientes con limitaciones de comunicación requieren consideración especial (ver Capítulo 7). Incluso pacientes que anteriormente eran capaces de comunicarse pueden tornarse incapacitados por la progresión de la enfermedad. Se deben hacer esfuerzos para encontrar un traductor para los pacientes que no hablan la lengua regional y poder disponer así de una conveniente evaluación el dolor. (Beyer and Wells, 1993; Cleeland and Syrjala, 1992).
Cuando se desarrolla un plan de tratamiento, los miembros del equipo deben prestar especial atención a las preferencias y necesidades de los pacientes cuya educación y tradiciones culturales puedan impedir una comunicación efectiva (ver Capítulo 7) algunas culturas tienen creencias particulares acerca del dolor y su manejo y los pacientes pueden dudar en informar el alivio inadecuado del dolor o pueden tener preferencias específicas referentes a las medidas analgésicas. Cuando se desarrolla un plan de tratamiento, los clínicos deben estar concientes de las necesidades y circunstancias particulares de los diferentes grupos de edad y los diversos grupos étnicos o culturales.
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This content is provided by the WHO Collaborating Center in Supportive Cancer Care, Pain Research Group, The University of Texas M. D. Anderson Cancer Center. Se recomienda citar este documento así: Jacox A. Carr DB, Payne R, et al. Management of cancer pain. Clinical Practice Guideline No. 9. AHCPR Publication No. 94-0592. Rockville, MD. Agency for Health Care Policy and Research. U.S. Department of Health and Human Services. Public Health Service. March 1994. |