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This content is provided by the WHO Collaborating Center in Supportive Cancer Care, Pain Research Group, The University of Texas M. D. Anderson Cancer Center. |
La cuantificación de los costos generales del manejo del dolor es difícil debido a que no se separa de otros costos del tratamiento, y se incluyen como parte de la estancia del paciente en el hospital o en la visita ambulatoria. Los componentes de los costos del manejo del dolor y una comparación entre los costos de analgésicos los discuten Ferrell and Griffith, 1994 y Kolassa, 1994.
Para el manejo adecuado del dolor es indispensable el acceso a los servicios profesionales, a los fármacos prescritos y a los equipos médicos, (Joranson, 1994) por lo tanto la disponibilidad de recursos económicos o la carencia de estos determinan la forma como y donde el dolor será tratado y los apoyos disponibles para el cuidado (Yasco and Verfurth, 1992). Algunas modalidades impuestas por las compañías encargadas de proveer seguridad social como los reembolsos parciales de los pagos, el sistema de co-pagos, cuotas moderadoras, planes adicionales, la exclusión del cáncer en los programas de salud determinan que un gran número de personas con cáncer esté sin seguro o mal asegurados. De acuerdo a un reporte (American Cancer Society, 1989), las personas de bajos ingresos experimentan más dolor y sufrimiento por cáncer que personas con mayores recursos y existe un desproporcionado porcentaje de personas de grupos minoritarios pobremente aseguradas o sin ningún tipo de seguro. Para aquellas personas con pólizas para el cáncer, el reembolso de los gastos podría favorecer la utilización de tecnologías más costosas. Por ejemplo el sistema Medicare de USA, no reembolsa gastos de analgésicos orales a pacientes ambulatorios pero reembolsa gastos de manejo hospitalario del dolor. Por ejemplo, "una persona puede tener reembolso de U$ 4.000 por analgesia (PCA) con morfina pero no tendrá reembolso de U$ 100 para una solución de morfina oral" (Ferrell and Griffith, 1994). Joranson (1994), informa la variación en las políticas de pagos de las aseguradoras privadas y las organizaciones oficiales de salud, diferencias que evidencian que aún no es clara una oferta de cobertura mínima para el manejo del dolor. El cubrimiento económico del manejo del dolor debe ser estudiado para estimular aquellas prácticas que aportan el mejor balance costo/ eficacia.
Al seleccionar un tratamiento los clínicos deben siempre considerar la capacidad de pago de las instituciones y de los pacientes. Los costos pueden sobrecargar al paciente o a las instituciones dando como resultado que se afecten la adherencia a un régimen y la responsabilidad financiera (Brand, Smith, and Grand, 1977). Así por ejemplo, en referencia a los costos de los analgésicos, muchos de ellos son igualmente efectivos para el manejo del dolor, pero varían dramáticamente en precio (Kolassa, 1994). Un análisis de los costos de los AINES incluido en las tablas de la guía muestran que el precio de venta al por menor de un AINE (fuera del acetaminofén y la aspirina) en 1992 osciló entre U$ 10.50 a U$ 127.80 para un suministro de 30 días. Aunque lo fundamental para los médicos es el manejo efectivo del dolor, la capacidad para alcanzar esta meta se determina en buena medida por el estado económico del paciente y de las instituciones. Por lo tanto, los médicos deben colaborar con los pacientes, las familias y las instituciones, tomando en cuenta los costos al seleccionar medicamentos y tecnologías.