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This content is provided by the WHO Collaborating Center in Supportive Cancer Care, Pain Research Group, The University of Texas M. D. Anderson Cancer Center. |
La estimulación cutánea incluye la aplicación de calor (termoterapia) y frío (crioterapia) (Mayer, 1985). Otros métodos, como los masajes, presión y vibración pueden ayudar al paciente a relajarse o a actuar como distractores del dolor. La estimulación cutánea puede en algunos casos aumentar la sensación dolorosa (McCaffery y Beebe, 1989). Estos métodos son no invasivos y por lo general se pueden enseñar con facilidad al paciente o sus allegados.
La aplicación superficial de calor actúa a través de conducción o difusión, aumenta el flujo sanguíneo hacia la piel y órganos superficiales, y disminuye el flujo hacia el tejido muscular (Lehmann y de Lateur, 1990). El calor induce vasodilatación, lo que incrementa el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos lesionados (Whitney, 1989). El calor también reduce la rigidez articular, incrementando la elasticidad muscular (Vasudevan, Hegmann, Moore, et al., 1992). El calor superficial se aplica con compresas, bolsas de agua caliente, mantas eléctricas (secas o húmedas), paquetes de gelatina e inmersión en agua (tina o jacuzzi) (McCaffery y Wolff, 1992). Se debe tener cuidado con todas las fuentes de calor para prevenir quemaduras, por ejemplo es necesario envolver las compresas y pedirle al paciente que no se acueste directamente sobre ellas. En la mayoría de los casos, una toalla entre la piel y la fuente de calor es suficiente. Si el paciente presenta disminución en la sensibilidad de la piel y está utilizando una fuente de calor o está acostado sobre un paquete caliente, son necesarias más capas de tela para proteger la piel y se hace necesario mantener una vigilancia estricta. No se debe aplicar calor a la piel previamente expuesta a radioterapia.
Hay controversia en la literatura acerca del uso de calor en pacientes con cáncer. El calor superficial se usa frecuentemente por los pacientes para reducir el dolor (Barbour, McGuire, y Kirchhoff 1986; Davis, Cortix, y Rubin, 1990; Donovan, y Dillon, 1987; Rhiner, Ferrell, y Ferrell, et al., 1993; Wilkie, Lovejoy, Dodd et al., 1988) y algunos textos recomiendan la utilización de calor para reducir el dolor y otras molestias (Ferrell, Rhiner, y Ferrell, 1993; McCaffery y Wolff, 1992; Vasudevan, Hegman, Moore et al., 1992). Sin embargo otros textos alertan sobre el uso de calor en el área tumoral por la preocupación que su utilización pueda incrementar el crecimiento y las metástasis de la enfermedad (Lee, Itoh, Yang, et al., 1990; Lehmann y de Lateur, 1990; Pfalzer, 1992). La investigación citada para justificar esta aseveración se basa en un estudio de 1940 con ratas (Hayashi, 1940), así como estudios de células de tejido fetal expuestas a elevadas temperaturas (Lehmann y de Lateur, 1990).
En vista de la carencia de resultados de investigaciones que contraindiquen el uso de calor superficial, el Panel recomienda que se utilice como un método para controlar el dolor en pacientes con cáncer. Métodos que emiten calor intenso como dispositivos de onda corta, microondas y ultrasonido, deben ser utilizados con cuidado en pacientes con cáncer y no deben ser aplicados directamente sobre el área tumoral (Lehmann y de Lateur, 1990).
La terapia con frío causa vasoconstricción e hipoestesia local, es efectiva para reducir la inflamación y el edema después de una lesión y en el dolor perineal quemante (Evans, Lloyd, y Jack, 1981), el espasmo muscular (Vasudevan, Hegmann, Moore et al., 1992), y está recomendada cuando el calor superficial no es efectivo para reducir el espasmo muscular.
Se pueden utilizar paquetes de hielo, toallas mojadas en agua helada o preparaciones comerciales de compresas en gel. Los paquetes deben ser sellados para prevenir la fuga del líquido, deben ser flexibles para adaptarse a las curvaturas del cuerpo, deben ser aplicados de manera que produzcan una sensación placentera de frío intenso y deben estar adecuadamente envueltos (p. e. entre una toalla o una almohada) para prevenir irritación de la piel. La duración de la aplicación del frío es más corta que la aplicación del calor, usualmente no más de 15 minutos; y en la medida en que se logra enfriar el músculo, produce un efecto más duradero (Lehmann y de Lateur, 1990; Michlovitz, 1990).
No debe aplicarse frío sobre tejidos previamente lesionados por radioterapia. El frío está contraindicado cuando la vasoconstricción incrementa la intensidad de un síntoma, como en la enfermedad vascular periférica, síndrome de Raynaud u otras enfermedades vasculares o del tejido conectivo. (Lehmann y de Lateur, 1990; Whitney, 1989). En algunos pacientes, enfriar las articulaciones aumenta el arco de movimiento, pero en otros puede incrementar la rigidez y por lo tanto debe evitarse.
El masaje es un método agradable que ayuda a la relajación y disminuye el dolor, particularmente el dolor asociado con tratamientos que requieren inmovilización. El masaje también puede disminuir el dolor en un área específica al incrementar la circulación superficial (Fairchild, Salerno, Wedding, et al., 1986; McCaffrey y Wolff, 1992). Algunas técnicas comunes de masaje son los movimientos rítmicos circulares y distales-proximales (Lee, Itoh, Yang et al., 1990). Se puede utilizar una loción sin alcohol para reducir la fricción. El paciente debe escoger los movimientos que le produzcan mayor alivio. El masaje no puede fortalecer músculos debilitados y no debe reemplazar el ejercicio y la actividad en pacientes ambulatorios. La vibración manual o mecánica puede ser utilizada para incrementar la circulación superficial. Las instrucciones para la utilización de métodos de estimulación cutánea para el alivio del dolor se describen en varias fuentes bibliográficas (McCaffrey y Beebe, 1989). Un ejemplo de técnicas de relajación que utiliza masaje, y calor se incluye en el apéndice C.