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M. D. Anderson : 5. Intervenciones No Farmacologicas: Terapias Invasivas : Radioterapia

La radioterapia puede aliviar el dolor metastásico y también los síntomas ocasionados por la extensión del tumor primario (Greenwald, Bonica y Bergner 1987). En cerca de la tercera parte de los casos el empleo de la radioterapia es paliativo (Arcangeli, Micheli, Arcangeli, et al., 1989). El objetivo de cualquier tratamiento paliativo es aliviar rápidamente el dolor y mantener control de los síntomas durante el resto de vida del paciente. Por lo tanto el tratamiento debe ajustarse a las condiciones clínicas del paciente y a su pronóstico (Lawton y Maher, 1991; Maher, Coia, Duncan, et al., 1992). La radioterapia complementa los analgésicos y puede mejorar su efectividad dado que se enfoca directamente sobre la causa del dolor. En general, mientras mas alta sea la dosis diaria de irradiación es menor la dosis total que puede ser administrada en razón de los límites de tolerancia del tejido normal. Proporcionalmente un número mayor de células tumorales es eliminado cuando la dosis de irradiación diaria es mayor. Se requiere un balance entre el número de células tumorales eliminadas y los efectos adversos de la radiación sobre el tejido normal, este balance es una función de la dosis diaria. Se han desarrollado diferentes esquemas que toman en cuenta las características tumorales específicas y la tolerancia del tejido normal. La literatura está dividida con relación a los esquemas de radiación óptima para lograr regresión tumoral (Hall, 1993; Thames, Withers, Peters, et al., 1982) y paliación de la enfermedad tanto en áreas de metástasis, como del tumor primario (Price, Hoskin, Easton, et al., 1986). En general el tratamiento radioterapéutico se planea en relación con el estado clínico.

La toxicidad de la irradiación está determinada por las estructuras anatómicas afectadas, la dosis por sesión, la dosis total y la sensibilidad del tejido irradiado. La dosis de radiación debe ser administrada en el menor número posible de sesiones para facilitar el bienestar del paciente durante y después del tratamiento.

Los efectos secundarios de la radiación se restringen al sitio irradiado y se pueden clasificar en agudos, los que ocurren durante o inmediatamente después del curso de la radioterapia o tardíos, los que ocurren meses o años después. Los efectos agudos son más prominentes con esquemas de radiación con altas dosis y con un número corto de sesiones diarias. Generalmente comienzan al final de la segunda semana de terapia (Hall, 1993). Los efectos agudos de la radiación se presentan principalmente en la piel o en las mucosas; son usualmente respuestas inflamatorias como eritema o pigmentación de la piel o mucositis. Las reacciones agudas son generalmente moderadas con los esquemas de terapia paliativa que emplean dosis altas de radiación diaria durante una a dos semanas. Los efectos tardíos de la radiación pueden comenzar sin reacciones agudas que los precedan. La fibrosis es la más común de las lesiones y se puede presentar en cualquier tejido, incluida la piel. Los efectos tardíos son de mayor importancia en tejidos con capacidad regenerativa limitada como el cerebro, nervios periféricos y pulmones. Sin embargo, considerando el tiempo limitado de supervivencia de los pacientes luego de la radioterapia paliativa, los efectos tardíos se observan con poca frecuencia.

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Se recomienda citar este documento así:

Jacox A. Carr DB, Payne R, et al. Management of cancer pain. Clinical Practice Guideline No. 9. AHCPR Publication No. 94-0592. Rockville, MD. Agency for Health Care Policy and Research. U.S. Department of Health and Human Services. Public Health Service. March 1994.