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M. D. Anderson : Dolor Relacionado con Procedimientos 6 en Adultos y Niños : Sedación en Dolor Relacionado con Procedimientos

Se necesita supervisión de un experto siempre que se empleen agentes farmacológicos sistémicos para la sedación consciente (p. e. el paciente debe mantener respuesta a los estímulos verbales y físicos). En cualquier sitio donde se lleven a cabo procedimientos dolorosos deberán disponer de equipos de resucitación adecuados para la edad del paciente y fármacos para la reanimación y el manejo de los efectos indeseables. Cuando se usa sedación consciente, un miembro del equipo de salud entrenado en el manejo de vías aéreas y en reanimación, debe estar disponible. Los pacientes no deberán beber o comer antes de los procedimientos en los que se use sedación consciente.

Durante estos procedimientos un profesional que no esté involucrado en la realización del procedimiento ni en mantener quieto al paciente debe monitorear al paciente. La monitorización incluye evaluaciones regulares de la frecuencia cardíaca, del patrón y frecuencia respiratoria, presión arterial y nivel de conciencia. Se recomienda y estimular el uso regular de la oximetría de pulso continua para medir la saturación arterial de oxígeno dado que la observación visual de la cianosis no se correlaciona con el nivel de saturación de oxígeno. Las guías de la American Academy of Pediatrics (1992) enfatizan la importancia de un estrecho monitoreo durante la sedación consciente:

Como parte del concepto mismo de sedación consciente, la pérdida de conciencia debe ser altamente improbable y los fármacos y técnicas usadas deben tener un amplio margen de seguridad que permita evitar la pérdida de la conciencia. Como el paciente que recibe sedación consciente puede progresar a un estado de sedación profunda el personal médico debe estar preparado para incrementar el nivel de vigilancia acorde con el grado de sedación. (pag. 1112)

Después del procedimiento, el monitoreo deberá continuarse hasta que el paciente esté totalmente despierto y se haya recuperado adecuadamente. Los pacientes dados de alta deberán ser acompañados por un adulto por un tiempo mínimo equivalente a dos vidas medias del agente usado (p. e.: mínimo 6 horas para la morfina). Se deberá recomendar a los pacientes no conducir automóviles u operar máquinas peligrosas hasta que los efectos de la medicación hayan desaparecido (usualmente de 24 a 48 horas). La documentación del monitoreo durante el procedimiento, la observación antes de la salida y las instrucciones a la salida deberán ser parte de la historia clínica permanente del paciente.

En contraste con la sedación consciente, la sedación profunda (p. e.: cuando el paciente no responde a estímulos verbales o físicos) es equivalente a la anestesia general y deberá ser llevada a cabo solamente en circunstancias controladas por un profesional entrenado en su utilización y experto en el manejo de la vía aérea y en reanimación. Se recomienda ver las guías publicadas sobre este tema. (p. e. en particular, American Academy of Pediatrics, 1985, 1992; American Nurses Association, 1991).

A pesar de una cuidadosa titulación de la dosis de sedantes las respuestas individuales son variables y ocasionalmente los pacientes pueden tener depresión respiratoria o pérdida de reflejos de la vía aérea. Como la depresión respiratoria está estrechamente relacionada con el grado de sedación, la estimulación del paciente y la administración de pequeñas dosis de naloxona (0.04 mg para pacientes que pesen 40 k o más, o 0.5 a 2 ug/ k para pacientes menores de 40 k) puede ser adecuada para revertir los grados leves de hipoventilación (Schechter, Weisman, Rosenblum, et al., 1990). La ventilación asistida con ambú o máscara o la intubación endotraqueal y dosis repetidas de naloxona pueden ser requeridas para revertir los grados severos de depresión respiratoria. Si ocurre depresión, el paciente deberá ser observado hasta que el efecto de la última dosis de naloxona haya desaparecido (usualmente 1 hora después).

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Se recomienda citar este documento así:

Jacox A. Carr DB, Payne R, et al. Management of cancer pain. Clinical Practice Guideline No. 9. AHCPR Publication No. 94-0592. Rockville, MD. Agency for Health Care Policy and Research. U.S. Department of Health and Human Services. Public Health Service. March 1994.