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This content is provided by the WHO Collaborating Center in Supportive Cancer Care, Pain Research Group, The University of Texas M. D. Anderson Cancer Center. |
Donde quiera se encuentre el niño, en la casa, en una clínica, en un consultorio médico o en el hospital debe recibir evaluación permanente del dolor durante todo el curso de su enfermedad. Es importante para la evaluación del dolor una comunicación abierta entre el niño, la familia y el equipo médico.
Desde el comienzo se debe enfocar la historia en la comprensión del dolor desde la perspectiva del niño y su familia. Muy importante para comunicarse con el niño es determinar el lenguaje que usa para expresar dolor (por ejemplo me duele, ay ay, etc.) y cómo y a quienes el niño comunica su dolor. Otros aspectos a evaluar son: experiencias dolorosas previas, la respuesta del niño al dolor, sus expectativas y preferencias para la evaluación y el tratamiento (ver Anexo B). Los clínicos deberán integrar esta información a las subsecuentes evaluaciones y planes de tratamiento.
La evaluación rutinaria es crítica para el manejo adecuado del dolor La frecuencia de las evaluaciones deberá ser determinada de acuerdo a la severidad, el contexto y las preferencias del niño y la familia.
Son necesarias evaluaciones frecuentes cuando el dolor está siendo pobremente manejado o no responde al tratamiento. Consignar los puntajes de dolor en la historia o en la hoja de signos vitales en un sitio visible al lado de la cama proporciona un fácil acceso a los examinadores. El uso de entrevistas estructuradas reduce la posibilidad de preguntas redundantes las cuales pueden ser agobiantes para el niño y la familia, y pueden interferir con la capacidad del niño para sobrellevar la situación.